No

No friends. No best friends. No boyfriend.  Nobody. No one. No help. No support. Problems without solution. Loving someone I can't have. Not being loved back. No strength to try. Tears. Falling deep. 

This is how I'm feeling, but I just smile. 

Blue Butterfly. 

Me da igual

30/10/13

Me da igual.

Pues ahora corre un rumor por mi colegio de que yo estoy saliendo con el chico que mejor me llevo de mi clase. 

Se dice que llevamos tiempo saliendo, estamos muy enamorados y que queremos casarnos. Esto es sólo una mentira. Ni salimos, ni estamos enamorados. 

Él y yo hablamos de esto y nos dejamos claro de que ni vamos a salir, ni que nos queremos que como novios. 

Y eso me tranquiliza bastante. Porque me da igual lo que la gente diga por ahí de nosotros porque el sabe perfectamente la verdad y eso es lo único que me importa. Lo que quizás me molesta un poco, es que sean tan casinos, tan pesados de no parar en ningún momento. Sólo queda tragar y tragar hasta que esto pase. 

Blue Butterfly. 

Premio Liebster Award #4

27/10/13

Premio Liebster Award

¡Hola! Rocío de "Hay vida en los libros" me ha dado este premio, que es la cuarta vez que lo recibo.

En fin, vamos con las preguntas:

¿En qué te gustaría trabajar si tuviese tu trabajo asegurado fuera el que fuese?
Pues me gustaría ser periodista o algo por el estilo. Me encantaría poder trabajar en la radio o comentando partidos de tenis, o algo así.

¿Qué te gusta hacer los viernes por la tarde?
Me gusta ir a jugar a tenis con unos compañeros excepcionales, no solo por su nivel tenístico sino por sus habilidades de hacer feliz a la gente.

¿Tienes libro favorito?
Pues aunque es difícil escogerlo entre tantos que he leído sería "¡Buenos días, princesa!" de Blue Jeans.

¿Leer o escribir?
Difícil elección, pero me inclino por leer.

¿Cuándo es tu cumpleaños?
En primavera.

Personas que son importantes para ti.
Toda mi familia.

Personaje literario platónico.
Mario de "Canciones para Paula".

Personajes literarios que odies.
La verdad es que no se me ocurre ninguno...

¿Cuál es tu hobby favorito?
Hacer deporte y leer.

¿Qué red social utilizas más a menudo?
Whatsapp.

¿Qué te faltaría para ser completamente feliz.
Alguien especial que me quiera. (A parte de mi familia, claro).

Eso es todo. ¡Gracias de nuevo Rocío!

Blue Butterfly

Patito Feo

22/10/13

Patito Feo.

¿Te has sentido alguna vez cómo el patito feo? Pues yo si. 

El ser diferente de las demás, el preocuparse por los estudios dejando de lado otras cosas propias de la adolescencia y el hecho de no querer a nadie, eso te hace sentir como el patito feo. Porque no haces lo mismo que las demás, porque eres diferente, por eso te aíslan, te dejan y te agobian. No te dejan en paz. Sin dejar de burlarse de ti, sin dejar de humillarte.

Es terrible. Es miserable. No quiero que todo el mundo sea como yo, pero al menos que me dejen estar, me dejen tranquila que yo no les he hecho nada malo y en cambio ellas sí a mi, sin motivo son razón. Son de esas personas que les explicas las cosas y no las entienden, sólo piensan en ellas. 

Por eso, si conocéis a alguien que se sienta como el patito del ayudadla para convertirle en un cisne porque a veces se necesita la ayuda de alguien que para que eso ocurra. Y si creéis que le vais a hacer más daño, entonces no hagáis nada. 

Yo no tengo intención de hacer mal a nadie porque sé lo que es ser herida. 

Blue Butterfly  

Luchar y no rendirse

19/10/13

Luchar y no rendirse.

Hoy 19 de octubre es el día contra el cáncer de mama. Y este post se lo dedico a todas aquellas mujeres que han luchado y que están luchando contra el cáncer de mama. Muchos ánimos para ellas.
Dejaré este lacito en su honor.


Luchar y no rendirse, así es como se sobrevive.

¡Ánimo campeonas!

Blue Butterfly

La Guerrera: Parte 1

La Guerrera: Parte 1
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¡Hola! Muchos me habéis animado a que escriba una novela en las encuestas. ¡Gracias!
Aquí os traigo un pequeño cuento.
¡Espero que os guste!
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Érase una vez en una pequeña montaña vivía su majestad el rey Bernardo felizmente casado con su mujer Rosalía y en compañía de su hija Elisa. 

Elisa tenía 17 años y era princesa del reino. Todas las mañanas la despertaban amablemente las doncellas que le tesón el desayuno, y mientras la princesa Elisa lo tomaba, las doncellas le preparaba un baño caliente con burbujas. Aunque esta costumbre es la que ha llevado desde de que era pequeña, Elisa se sentía incómoda al ver que las amables doncellas que traerle el desayuno todos los días, cuando ella podía hacerlo. 

Mientras se sumergía entre las burbujas y el agua caliente de la bañera, la princesa no dejaba de darle vueltas a lo que su padre le comentó en la cena de la noche anterior. Debía casarse pronto. En cualquier momento un príncipe cruzaría la puerta del castillo para pedirle la mano a la señorita Elisa, y es que la princesa ya sabía con quién quería casarse. 

Salió de la bañera, se secó y empezó a ponerse su vestido. Se trataba de Samuel. Samuel era cuatro años mayor que ella y desde hace cinco, acompaña la princesa Elisa. Era su mejor amigo. Con él podía hablar, pasear por el pueblo con mayor seguridad y confianza. 

La princesa ya estaba lista. Llevaba su vestido preferido. Era azul y estaba bordado con encajes blancos. Se tapaba con una rebeca larga negra. 

Salió a la enorme terraza del castillo donde se podía observar el grandioso jardín que reposaba a los pies del castillo y el pueblo que se situaba detrás a los pies de la montaña. 

Samuel observaba detenidamente el paisaje mientras una suave brisa del invierno le acariciaba. 

-Buenos días, princesa Elisa -le dijo haciendo una reverencia. 

-Buenos días, Samuel. 

-Hace un día precioso, ¿no le parece?

-Sí, tiene razón. 

Se quedaron unos instantes contemplando el paisaje. Era realmente bonito, precioso. 

-¿Le apetece dar un paseo, princesa?

La princesa aceptó. No podían desperdiciar ese día tan maravilloso que hacía. 

Caminaban en silencio por el jardín del castillo. 

-¿Se encuentra bien, princesa? Le moto pensativa. 

-Sí, es sólo que no dejo de darle vueltas al hecho de tener que casarme pronto. 

Samuel permaneció en silencio. Realmente no podía opinar nada al respecto aunque temía a perder esta amistad que tenían. 

La princesa Elisa al ver que Samuel no decía nada sobre este tema, no prosiguió. 

-Princesa Elisa, he de comentarle algo importante. 

Se pararon enfrente del lago y Samuel continuó ante la mirado atenta pero preocupada de la princesa. 

-No me andaré con rodeos, princesa. El pueblo estará en peligro muy pronto. Uno de nuestros caballeros ha visto soldados acercándose por el norte y a juzgar por sus escudos se trata del ejército del príncipe Carmelo. 

-Pero eso es horrible. Hay que hacer algo. -la princesa dijo preocupada y alterado al mismo tiempo. 

Samuel le puso las manos sobre los hombros de la princesa:
-No se apure su familia y usted estarán a salvo. 

-¿Y el pueblo qué? Ellos también tienen derecho a estar a salvo, ¿no le parece?

-Se refugiaran en la iglesia y el ayuntamiento del pueblo y mandaremos a algunos de nuestros soldados. 

-No es suficiente Samuel. 

Y sí. El también estaba de acuerdo. Lo que el rey le había propuesto aquella mañana no era suficiente para proteger al pueblo. 

El mensajero real se acercó al mediodía al castillo bastante alarmado. 

-Su majestad, su majestad -dijo jadeando - ya se oyen a los caballos galopar majestad, pronto nos invadirán. 

-¡Ordene a los solados y caballeros que se pongan en guardia! -bramó su majestad, expresando claramente furia y preocupación, levantándose del trono. 

Comieron en silencio. Pero la reina Rosalía y el rey Bernardo tenían que decirle algo a su hijita. 

-Hija, hay algo que tenemos que decirte. -comenzó el rey. 

-Hace 19 años nos atacaron directamente al castillo. Y yo hacía poco que había tenido un bebé. 

Samuel y Elisa miraron fijamente a la reina. 

-Y -siguió- tuvimos que dar al bebé para que no destruyeran el castillo y quemaran el pueblo. 

-Carecíamos de soldados, armas, defensa. No teníamos nada, sólo un hijo de dos semanas al que llamamos Ernesto. Nos pidieron al niño, pues la reina Lorena no podía tener hijos, y nos vimos obligados a concedérselo. 

Tanto como Samuel y la princesa se quedaron alucinando. 

-Me disculpan -dijo la princesa Elisa levantándose de la mesa. 

-Hija -le llamó la reina al borde de las lágrimas. 

Samuel se levantó de la mesa y siguió a la princesa, pero ella caminaba muy deprisa. Logró evitar el portazo de su habitación. 

-Princesa -susurró Samuel mientras se sentaba en la cama junto a la princesa. 

Le apartó el pelo de la cara y descubrió a sus ojos sollozando en silencio. 

-Princesa -volvió a susurrar, esta vez con tristeza. 

Se acercó más a ella y la abrazó. La princesa se calmó rápidamente. 

-Desahóguese, princesa. 

-Tengo un hermano que no conozco y no sé dónde está ni como está ni nada y llevo toda mi niñez jugando sola en mi cuarto y mis padres sin decirme nada. ¿A usted eso le parece bien?

-Claro que no princesa, yo la entiendo. 

-Hay algo que no me cuadra. ¿Quién es la reina Lorena?

-La reina del reino del príncipe Carmelo, princesa. Murió hace mucho tiempo, unos diez años atrás. 

-Pero si no recuerdo mal el rey Bautista está casado con la reina Mercedes y tienen un hijo que es el príncipe Carmelo, ¿no es así?

-Correcto, princesa. 

-¿Entonces de dónde sale la reina Lorena? 

-Pues... Es verdad, princesa, no cuadra. Aunque la primera esposa de del rey Bautista fue la reina Lorena. 

-Sí, pero el príncipe Carmelo tiene 30 años, ¿verdad? Entonces no puede ser mi hermano. 

-Exacto. 

-¿Entonces dónde está mi hermano?

Se quedaron en silencio, mudos. Ninguno de los dos sabía la respuesta y la princesa no iba a quedarse sin saberla. 

-Samuel, voy a buscar a mi hermano y no pararé hasta que lo encuentre. 

-Le apoyo en su decisión pero una batalla está a pito de empezar, sería peligroso. 

-Lucharé en la batalla. Es hora de que se demuestre que una princesa puede hacer algo más que ponerse un vestido y que se vea que la familia real es capaz de luchar por su pueblo y dar la cara. 

-Me deja asombrado con sus palabras. 

Samuel llamó a la doncella Belinda para hacerle el traje para la batalla. En tres horas la princesa ya estaba vestida. 

Unos pantalones largos y negros y una camiseta de manga larga con un cinturón que llevaba una pistola y un cinturón de balas que cruzaba su chaleco anti alas, habían convertido a la princesa Elisa en una auténtica guerrera. Se puso una chaqueta de cuero y mientras se ataba las botas, llamaron a la puerta. 

-Adelante. 

Se abrió la puerta y Elisa alzó la vista. Era Samuel y una vestido de caballero. 

-No pensará que me iba a quedar aquí. 

Faltaban unos diez minutos para el discurso del rey. Rápidamente Elisa cogió las flechas y el arco y bajaron a por los caballos. 

Samuel le había enseñado a montar a caballo a Elisa desde que se conocieron con lo cual ya dominaba bastante bien al caballo. Se llamaba Sueño, era marrón oscuro con una mancha blanca entre los ojos haya la nariz. 

Elisa se quedó sorprendida al ver a Sueño y a Nube (el caballo negro de Samuel). Ambos llevaban incorporado un sillín igual que los del ejército. 

-Estarán bien -dijo Samuel y le guiñó un ojo a la princesa. 

Se montaron y llegaron justo en el momento que comenzaba el rey a repartir ánimos y fuerza al ejército.

-Y somos fuertes y somos valientes y llegaremos a la victoria. 

El ejército chilló alzando sus brazos. Se marcharon hacia el norte inmediatamente y Elisa y Samuel se acercaron más hacia la escalera donde se plantaba el rey. 

-Padre -le llamó. El rey Bernardo se llevó una sorpresa mayúscula cuando vio a su hija y a Samuel montados a caballo listos para la batalla -Padre, vamos a luchar porque somos fuertes y valientes, y llegaremos a la victoria. 

La mirada de la reina se tranquilizó cuando vio a Samuel al lado de su pequeña hija. 

-Me sorprendes, hija, pero no lo impediré -sonrió y colocó la mano como la colocan los soldados cuando obedecen a las órdenes de su coronel -buena suerte. 

Samuel y Elisa imitaron el gesto y se retiraron hacia el norte.


Pedacitos de mi corazón

2/10/13

Pedacitos de mi corazón. 

Empezó cuarto de la ESO. Era alemán, se llamaba Sven y venía con la intención de quedarse en España durante un largo tiempo. 

Sven era alto, blanquito de piel. Tenía unos ojos azules y un pelazo rubio. 

Poco a poco fuimos haciéndonos buenos amigos. Él me ayudaba con mi alemán y yo con su castellano. 

Pues era una rosa, que de blanca pasó a ser rosa y de rosa roja...

Todas las chicas de primero y segundo de la ESO, cuando Sven pasaba por la ventana de sus clases, se quedaban empanadas mirándole y cuando estaba en el patio también. Aquello no me sentaba mal ni nada. De hecho me hacia gracia, eran tan monas. 

Sven, a diferencia de los típicos alemanes, se lo tomaba con humor y tímidamente, les seguía el juego. 

Un día cualquiera, mi padre murió por un disparo en la cabeza. Era policía y en una de esas misiones de busca y captura fue atacado, y junto a él, otros miembros de la patrulla murieron. Mi madre había muerto cuando nací yo, y al ser hija única, no tenía a nadie. Ni siquiera llegue a conocer a mis abuelos. 

Mis lágrimas pesaban en mi corazón. Los recuerdos se rebobinaban en mi mente. El frío se apoderaba de mi cuerpo. Estuve unos días, semanas sin ir al instituto. Recibí varios whatsapps de Sven preguntándome si estaba bien, se había pasado algo. No le contesté. No tenía fuerzas. No tenía ganas de nada. 

Un día cualquiera de invierno, me encontraba en el salón de mi casa viendo una película de risa para animarme un poco, sonó el timbre. Decidí no abrir. Pero sonó y sonó y decidí abrir. Antes me miré al espejo y me recordé lo deprimente que estaba después de lo de mi padre. 

Me quedé de piedra cuando vi quien era.  Sujetaba una bandeja y llevaba colgando una mochila. 

..........

Pues por fin me abrió la puerta. Y por fin la volví a ver después de tantas semanas. Como no me contestaba a los whatsapps ni daba señales de vida, decidí presentarme en su casa. Estaba claro que le pasaba algo. 

Me aseguré cuando la vi de nuevo. Tenía los ojos rojos y llorosos. La nariz roja y la piel pálida. Su pelo castaño oscuro y ligeramente recaían sobre sus hombros. Me invitó a pasar y le dejé la tarta que había preparado en la mesa de la cocina y me descolgué la mochila. 

......

¡Sven me había echo una tarta de chocolate! Por primera vez en mucho tiempo sonreí. Me dio un abrazo cariñoso. Partí la tarta y preparé dos chocolates calientes. 

Nos tomamos un trozo de tarta y las tazas de chocolate. Fuimos al salón y nos sentamos en el sofá. 

……
Me puse contentísimo cuando la vi sonreír de nuevo y vi que le había gustado mi tarta. Estábamos en el sofá. Yo estaba tumbado y ella estaba con la cabeza apoyada sobre mi pecho, llorando. Ya me había contado porque no había ido al instituto las últimas semanas. Yo también me entristecí por la noticia pero más aún mientras lloraba y le acaricié el pelo cariñosamente.

Cuando dejó de sollozar se incorporó y yo hice lo mismo. Se limpió las lágrimas de su cara blanca y esbozó una tímida sonrisa entre lágrimas. 

……

Me refregué los ojos con las manos tras llorar una vez más. Sven me dejó llorar todo lo que me hiciera falta, aunque prácticamente lloraba en silencio. 

Sven me dio un tierno beso en la mejilla. Me levanté del sofá en silencio y me fui al baño. Menuda cara llevaba. De haber llorado de haber dejado salir tantas lágrimas. Me lavé la cara con agua y, algo más contenta, salí del baño. 

Sven estaba sentado en el sofá con la mirada fija al suelo. Cuando me oyó llegar, se levantó. 

-Bueno, me voy que he quedado con Paula para acabar el proyecto de arte. 

Nos despidimos y se marchó. 

Laura. Que mal me caía. Si antes mi corazon el de cristal, ahora se había convertido en pedacitos. Se hacía la mosquita muerta y como era atractiva, todo hombre caía en sus brazos. Solo quería que no cauera Sven. 

Pues no. Sven y ella empezaron a salir dos semanas después y la relación entre él y yo se enfrió. Ya se encargó de ello Laura. 

Mi corazón, en mil pedazos, se derritió por la furia y la tristeza que llevaba dentro. Pero, en el fondo, sabía que seguía queriendo a Sven. 

No dejaron de correr lágrimas sonre mis mejillas dirante las próximas semanas, meses. Si mi corazón tenía algún remedio, entomces estaba muy lejos, pues no dejaba de llorar, no tenía ganas de nada y, sobre todo, estaba sola.